Elliana:

¿Qué acababa de pasar en esas cuatro paredes de metal? ¿Qué habría visto en mí que lo había impulsado a pedirme una cita? ¿Solo sería una salida o habría otras intenciones ocultas bajo esa palabra? Me preguntaba qué tendría yo para que el hombre indomable sintiera curiosidad e interés por mí.

Pero, ¿y si sus intenciones eran otras? ¿Y si solo quería acostarse conmigo?

Esa era la razón por la que no había aceptado. No me mal interpretéis, yo no he dicho que no sea virgen, porque no lo soy. Mi primera vez la tuve con mi ex novio, el que me hizo mucho daño en el pasado. Puede que os cuente esa historia más tarde, cuando la crea relevante. Ahora solo debéis saber que le odiaba y que detestaba lo que me hizo.

Derek Foster era la reencarnación de todo un dios griego. Era alto, musculoso y atractivo. Adoraba ese cabello castaño que tenía unas pequeñas ondulaciones que me parecían de lo más adorable. Sus ojos, cubiertos de espesas pestañas, eran de un color verde esmeralda deslumbrante y llamativo. Tenía un lunar sobre la comisura de los labios que me provocaban unas irresistibles e irrefrenables ganas de besarlo y lamerlo.

Todo en él llamaba la atención.

Por si eso no fuera poco, su empresa estaba situada en varios países como Argentina, España, y Alemania. Debido a ello, se había convertido en un hombre asquerosamente rico. Según me habían dicho mis amigas las chismosas, ese hombre tan apuesto vivía en una de las zonas más exclusivas de Brooklyn. No era de extrañarse. Con ese dinero hasta yo habría aprovechado para darme un par de caprichos.

Así que sí, Derek podría ser el hombre perfecto para cualquier chica… excepto para mí.

A pesar de su atractivo, uno de mis temores era que solo buscara en las mujeres una noche de diversión. Hacía mucho que no se le veía con una pareja estable. Además, había escuchado los rumores de que estaba saliendo con Scarlett White, una de las grandes diseñadoras de moda y otra cara bonita más.

Esa también fue la razón de mi rechazo.

¿Por qué me volvía tan tímida con su presencia? ¿Por qué mis mejillas se ruborizaban solo de verlo? Argh, me odiaba en esos casos. Ojalá tuviese más valor y más confianza en mí misma para poder mirarlo a los ojos sin temblar. Ojalá fuese como la mayoría de las mujeres de FosterWords, llenas de seguridad y sin miedo de toparse con el hombre indomable que en esos momentos, al parecer, buscaba ser domado.

. . .

Fueron unos días moviditos, no sólo por el trabajo, sino que también tenía a cierta persona llamada Ingrid siendo todavía más zorra de lo que era. Me mandaba hacer cosas sin sentido alguno que debía acatar si no quería que me echara de mi puesto. Incluso llegó a tomarme como la chica de los recados. Indignante.

—¿Soy yo u hoy está cabreada? —preguntó Connor cuando estábamos en nuestro descanso para almorzar.

—Creo que lleva mucho tiempo sin follar con nadie. Déjala, se le pasará algún día —dijo Luke encogiéndose de hombros con despreocupación.

—Quizá cuando encuentre a su próxima víctima —dije yo apoyando la espalda contra el respaldo.

Landon no estaba con nosotros, sino que estaba en una junta con todos los responsables de cada departamento, poniendo todo en orden. Tampoco estaba el hombre indomable. Seguramente estaría liderando aquella reunión, vestido con un traje de tres piezas que le sentaría como un guante y que solo provocaba en mí el famoso “efecto esmoquin”. Ese lunes había sentido el impulso de quitarle la ropa con los dientes y lamerlo de arriba a abajo.

Observé a mi jefa de sección mientras tomaba su comida baja en calorías charlando animadamente con los otros jefes. Esa semana había visto cómo acosaba a mi mejor amigo sin darle ni un solo respiro, además de ver cómo también perseguía a Derek Foster como un perrito faldero a través de todo el edificio, al igual que Lillian Murray lo hacía. Ambas parecían una perras en celo en busca de un revolcón espontáneo.

Permanecí callada durante el resto del almuerzo, respondiendo únicamente con monosílabos a sus preguntas o asintiendo con la cabeza de manera distraída. Es que mi mente estaba a años luz de ahí, con cierto hombretón que me había sorprendido el día en el que me pidió salir.

¿Por qué yo y no otra? No me consideraba la clase de personas que decide pasar a la acción tan rápido y temía que Derek lo intentara en el caso de aceptar su oferta. Para mí había más cosas importantes antes que el sexo como pasear cogidos de la mano, ver una película en la comodidad de tu casa o cenar a la luz de las velas. No era la clase de mujer que andaba buscando sexo desde el primer día, pero admito que, a pesar de no ser una adicta, me gustaba. Pero, ¿quién no?

Después del almuerzo, cada quien volvió a su puesto de trabajo. Iba hablando con Connor sobre uno de los últimos libros que ambos habíamos leído en común, con Luke caminando unos pasos por delante de nosotros.

—Te juro que al principio el protagonista me parecía inaguantable —le estaba diciendo yo a mi amigo.

—Pues a mí me ha parecido de lo más caliente, muy semejante a nuestro hombre indomable —argumentó él.

—¿Qué te ha parecido la chica? ¿No crees que era muy empalagosa?

—Ahí te voy a dar la razón. Estaba todo el día detrás de él —dijo él y poco después bajó la voz para añadir—: Como nuestra jefa. ¿Te la imaginas saliendo con mi Derek?
El estómago se me cerró ante esa imagen. No quería pensarlo, aunque era consciente de que Ingrid sería de la clase de mujer que saldría con él. Entonces, ¿por qué me habría pedido salir a mí?

Por fortuna, no tuve que contestar, ya que Luke se paró de pronto y yo, que iba justo detrás de él y que no le había prestado atención, me choqué con su espalda y caí de culo al suelo.

—¡Ay! —me quejé.

—Pero qué torpe eres, Elli —se burló Connor mirándome desde arriba sonriendo de forma ladina. Había un brillo travieso en sus ojos. Sabía que esa situación le había parecido de lo más jocosa, sobre todo en la posición en la que me encontraba, como si estuviese a punto de dar a luz. Había sido toda una suerte que ese día me hubiese puesto pantalones en vez de falda.

—Deja ya de reírte y ayúdame —le pedí fingiendo enfado. Extendí las manos hacia él y, tras unos segundos de espera, me ayudó por fin a levantarme—. Gracias.

Mientras tanto, Luke no se había movido ni un solo milímetro de donde sus pies habían echado raíces. Lo miré. No se había enterado de mi cómica caída al suelo. ¿Qué era aquello que lo había echo quedarse helado en el sitio, como una estatua de piedra?

No tardé mucho en averiguarlo, la verdad. Solo tuve que seguir la dirección de su mirada. Digamos que por unos segundos yo también me quedé petrificada en el sitio, sin poder moverme y con los ojos y la boca abiertos de par en par.

Pero, ¿quién no lo haría al ver un gran ramo de rosas rojas en su puesto de trabajo? ¡Alguien se había tomado la molestia de hacer eso por mí!

Hice una mueca, teniendo mis sospechas de quién podría ser ese alguien. “Por favor, que no sea él, que no sea él”, pensaba yo mientras salía de ese estado y me acercaba a mi cubículo.

El ramo era precioso. Las flores eran frescas y aún tenían algo de rocío. Los pétalos eran de un escarlata intenso y parecían de una suavidad asombrosa. Si no fuera porque sabía que el tallo estaba lleno de espinas, habría pensado que la flor era la más delicada de todas.

Aspiré su aroma y me enamoró. Alargué la mano y cogí la tarjeta. “Que no sean de él, que no sean de él”, me repetía para mis adentros una y otra vez.

“Una docena de rosas para la flor más hermosa del jardín.

Derek”.

¡Mierda! ¿Por qué yo? Maldito sea el día en el que él hubiese visto algo especial en mí.

—¿De quién son? —preguntó Luke acercándose a mí. Connor estaba a su lado, igual de curioso que el moreno tanto de piel como de cabello.

—De… De… —tartamudeé yo, aún asombrada—. Esto… Son de nuestro… nuestro hombre indomable.

Por un segundo los dos se quedaron en silencio y si no hubiese sido por el bullicio que había en la planta, habría jurado que aquella pausa había sido de ultratumba.

Mi pecho subía y bajaba con rapidez. Buscaba desesperadamente tomar bocanadas de aire como si fuera un pez fuera del agua. Por alguna extraña razón, el aire apenas llegaba a mis pulmones. Conocía esa sensación de nerviosismo, la misma que me bloqueaba ante situaciones tales como hablar con aquellos hombres que a mí me resultaban atractivos o hablar ante un público medianamente grande.

“Vamos, inhala y exhala”, me decía.

Pero, ¿cómo estar tranquila cuando uno de los hombres más condenadamente calientes y sexys le enviaban a una flores? Esa situación me parecía sacada de las tantas novelas románticas que había devorado a lo largo de toda mi vida. ¿Por qué todo me parecía tan cliché? ¿Por qué tenía la sensación de que era un deja vú de todo lo que había leído?

Estaba tan enfrascada en mis pensamientos que ni siquiera fui consciente de que mis amigos decían algo hasta que vi que ambos movían los labios. Fruncí el ceño, no sabiendo de que hablaban.

—¿Qué? —pregunté cuando ambos se quedaron mirándome con descaro.

Connor soltó una gran carcajada que resonó, a mi parecer, en toda la planta. Por su parte, Luke se limitó a esbozar una sonrisa tan amplia que estaba segura que, de seguir así, le dolerían las mejillas pronto.

—Nada. —Luke se encogió de hombros.

—¿Ese hombre tan caliente te ha enviado un ramo de rosas? —preguntó con entusiasmo Connor cuando Luke calló—. ¡Qué suerte tienes! Aunque no me extraña para nada. Tu belleza natural le ha engatusado.

Cuando os decía que Connor era el amigo gay que todas las mujeres buscaban, lo decía en serio. Era la clase de hombre que siempre iba con la verdad hacia adelante aunque esta doliera. También me encantaba su energía burbujeante y ese aura entusiasta y descarada que lo envolvía por completo.

Solté una risita nerviosa y jugueteé con uno de los pétalos. Su textura era tan suave como la seda.

Al final me armé de valor para decirles mi mayor temor y ellos no dudaron en decirme que Derek no iría a por más si yo no le dejaba. Tenían razón: yo era la que también decidía si quería acostarme con él, y no solo él. Para que hubiese sexo las dos personas debían aceptar el trato, ¿no?

—Tenéis razón, chicos.

Y con una sonrisa, me dispuse a ponerme manos a la obra. Eso sí, antes de ello, le escribí un mensaje a ese hombretón tan atractivo y que pronto pondría mi mundo patas arriba.

Para: Derek Foster.

De: Elliana Jones.

Estimado señor Foster:

He de confesarle que me ha sorprendido su gesto y que, al mismo tiempo, me ha gustado. Pese a su color y su aroma tan delicioso, no soy muy amante de las rosas, pero gracias por intentarlo. Prefiero los tulipanes, me parecen la flor más bella.

<<Un ramo de rosas para la flor más hermosa del jardín>>. ¡Vaya! No conocía ese lado poético suyo, aunque no debería de hacerlo si usted dirige una de las mayores editoriales del país.

¿Debo tomar eso como un intento de que salga con usted? Porque, temo decirlo, pero debe seguir intentándolo. Considérelo como un reto si quiere.

Atentamente,

Elliana.”

Su respuesta llegó unos minutos después, cuando el archivo en el que estaba trabajando todavía se estaba abriendo.

Para: Elliana Jones.

De: Derek Foster.

Elliana (permíteme tutearte):

Me alegra saber algo de ti por mínimo que sea. Quiero que sepas que tendré eso en cuenta para la próxima vez que te envíe flores (porque sí, habrá próxima vez).

Soy un hombre luchador y persistente. Si algo o alguien me interesa, lucharé por ello todo lo que haga falta. No soy un hombre que se rinde a la primera. Conseguiré que aceptes mi propuesta, tenlo presente.

Que tengas una buena tarde,

Derek.

P.D: ¿Por qué no puedo quitarme de la cabeza tus ojos tan preciosos?”

Jadeé. Eso había sido intenso y había provocado un hormigueo en todo mi cuerpo.

Con ese mensaje me quedó una cosa bastante clara: que ese hombre no pararía hasta que aceptara salir con él. Lo tenía claro. Se lo pensaba poner difícil. ¿Quería jugar? Pues jugaría.

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Nota de autora:

¡Feliz viernes! ¿Qué tal os ha ido la semana?

Repasemos:

1. Elliana está confusa.

2. ¿Qué le pasa a Ingrid?

3. Momento Connor y Luke.

4. #Derelli empieza a florecer 😍.

5. ¡El juego comienza! 🔥🔥🔥😏😏😏.

¿Qué os ha parecido el capítulo?

Para finalizar, quiero recomendaros dos novelas que a mí me han cautivado: Virtualmente Perfecto y Sueños de Papel, ambas creadas por la maravillosa Azaroa. Si sois unos amantes del romance, no deben faltar en tu biblioteca. Palabra de autora en prácticas 😉.

Espero que este capítulo os haya gustado. ¡Nos vemos!

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