Elliana:

Cambiamos de tema de conversación por otro que a mí me incomodaba: mis escritos. Él estaba convencido de que yo tenía potencial, pero, claro, él era mi mejor amigo y para él todo lo que escribiese estaría bien. No era alguien objetivo.

—En serio, deberías mandar uno de tus manuscritos a una editorial.

No era la primera vez que me lo decía, ni la segunda. Entre Winter, Genevieve, Nora, Sophia y él habían insistido tanto en el tema que a veces me lo había planteado. Eso sí, tan pronto como lo hacía, rechazaba aquella opción. ¿Y si no era tan buena como creía? ¿Y si solo era una escritora mediocre?

—No creo que sea buena idea. Ya sabes…

—…No estás preparada —recitó por mí, pues era la excusa que siempre les daba—. Pero ¿cuándo lo estarás, bichillo? Porque déjame decirte que llevas desde que te conocí diciendo lo mismo.

Bajé la mirada a mi postre que se basaba en un bizcocho de lima que estaba delicioso.

—Prometo que algún día lo haré, pero, por favor, no me presiones ahora. Ya sabes que he trabajado muy duro en todo lo que he escrito. No quiero que alguien me diga que todo el tiempo que he invertido no ha servido para nada. —Me encogí en mi sitio.

—Elliana Jones, mírame —me pidió y lo hice. En su mirada avellana había determinación—. Nadie, escúchame, nadie puede decirte que tus trabajos son pésimos, ¿sabes por qué?

Negué con la cabeza a un lado y al otro.

—No, ¿por qué?

—Porque yo los he leído y, aunque no sea ningún experto, sé que tienen gancho y que atrapan al lector con cada palabra que emplean. Sabes perfectamente lo que quieres decir y empleas las palabras correctas para envolver al lector y hacerlo partícipe de la historia.

La intensidad de sus palabras acompañada de aquella mirada tan fervorosa provocaron que mis mejillas ardieran y se tiñeran de rojo. No había duda alguna, Landon había nacido con el don de la palabra hablada, no como yo. Me expresaba mejor por escrito, lo admitía, pero de ahí a que mis trabajos fueran buenos había un buen trecho.

—No sé —expresé en voz alta—. No creo que alguien pueda disfrutar de ello. ¿Por qué alguien leería una novela de alguien como yo, que nunca ha publicado nada?

Ese era uno de mis temores: que a nadie le gustaran mis trabajos. No era muy buena aceptando críticas en lo referente a la escritura.

Landon bufó.

—Eres imposible. ¡Qué tozudez la tuya! —Me miró de manera penetrante—. Te diré una cosa: aprovecha todas las oportunidades que te está dando la vida. ¿Por qué no envías esa recopilación de cuentos que tanto me han gustado a FosterWords? Creo que estarían dispuestos a publicarte.

Lo pensé. No había tenido en cuenta aquello. Era cierto que podría mandar aquel manuscrito que había creado cuando estaba cursando primer año de carrera a la editorial para la que trabajaba. No sería mala idea, solo tendría que editarlo.

Lo miré esbozando una sonrisa osada.

—¿Sabes qué? Tienes razón. Es hora de asumir riesgos.

La expresión de asombro que inundó a mi amigo fue épica y corta, aunque segundos después la cambió por una amplia sonrisa. Soltó un grito de júbilo, muy similar a cuando ganaba su equipo de fútbol favorito.

—¡Esa es mi chica! —Se levantó de la mesa y me dio un beso en la mejilla cariñoso—. Les vas a encantar.

Derek:

Llevaba días observándola, sin atreverme a dar el paso. Era tan condenadamente bella que hasta cuando no estaba podía sentir su presencia en la empresa. ¿Cómo alguien a quien no conocía había logrado romper todos mis esquemas en tan poco tiempo? ¿Cómo una mujer podía volverme loco con una sola mirada?

Pensé que la idea de alejar a Elliana de mi posiblemente mayor peligro en el sector sería efectiva, pero me equivoqué. Quién diría que aquella mentira que le solté a Brooks no lograra separarlos. ¡Odiaba verlos juntos! ¡Odiaba que fuesen tan cariñosos! Mierda. Estaba seguro que entre ellos había algo.

Volví mi vista a la pantalla de mi despertador. Solo eran las dos de la madrugada y yo estaba así, sin pegar ojo. Había mantenido mi mirada en el techo como si eso fuese lo más interesante que nunca había visto.

Pensé en ella nuevamente, en su cuerpo bien torneado, en su pelo color oro y en aquellos ojos que me quitaban en el sueño. Pensé en su piel de porcelana y en lo suave que debería de ser bajo mi tacto, en sus manos finas recorriendo mi cuerpo, en sus labios y mis ganas de probarlos.

¡Mierda! Alguien se estaba despertando y eso era lo que menos quería en esos momentos. Debía dejar de pensar en ella y en lo perfecta que parecía.
Esa atracción que sentía por ella no la había sentido por nadie antes. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué ella y no otra?

Con esos pensamientos me quedé al fin dormido. Un último pensamiento me vino a la cabeza antes de que los brazos de Morfeo me acogiesen y era que debía pedirle una cita.

. . .

Dos días después, aproveché la oportunidad. Al entrar en el edificio y al llegar a los ascensores, la encontré sola. Revisaba su teléfono móvil. De vez en cuando le sonreía a la pantalla, por lo que me pregunté si no estaría hablando con cierto idiota.

—Buenos días, señorita Jones —la saludé.

Ella se sobresaltó. Alzó la vista del aparato y me echó un vistazo de arriba a abajo. Si no fuera porque llevaba rubor en las mejillas, hubiese jurado que se había sonrojado.

—Buenos días, señor Foster. —¿Cómo alguien podría tener una voz tan sensual?

Intenté mantenerme normal: tan frío y distante como lo hacía siempre. Por lo general no me gustaba mantener relaciones personales con mis trabajadores. Pero con ella haría una excepción.

El ascensor llegó, por fortuna, rompiendo aquella tensión. Ella fue la primera en entrar y me fijé que pulsaba el botón de la planta decimoquinta, el departamento de traducción. Aquella mujer no tenía pinta de saber muchos idiomas, ¿pero quién sabe?, a lo mejor era una fiera de las lenguas.

—¿Tiene mucho trabajo que hacer? —le pregunté siendo amable.

Ella me clavó la mirada y asintió. Parecía que se estaba relajando.

—La verdad es que sí, tengo bastante trabajo. ¿Y usted?

Era la primera vez que alguien preguntaba por mí. Era extraño. Siempre era yo el que se interesaba por los demás, no al revés.

Una sonrisa tiró de mis labios.

—Sí, tengo trabajo para no aburrirme.

Ella rió y con ello mi corazón dio un vuelco. ¿Cómo alguien podía provocarme esas sensaciones tan buenas y que nunca había sentido antes?

Aún seguía sonriendo cuando de mis labios salió aquella frase que llevaba días en mis pensamientos:

—Me preguntaba, señorita Jones, si querría ir a cenar conmigo.

Por un momento todo se quedó en silencio y me asusté. Pero lo peor llegó cuando su sonrisa se fue extinguiendo poco a poco y cuando rehuyó mi mirada. Sus mejillas en ese caso sí que se habían ruborizado. No sabría decir por qué, pero estaba muy hermosa así. Su respiración se había acelerado, podía ver claramente como su pecho subía y bajaba con fuerza.

—Yo… Yo… Mmmm… —tartamudeaba. Se aclaró la garganta—. Yo… tengo planes. Lo siento.

—Pues el siguiente. —Me encogí de hombros.

Tomó una gran bocanada de aire y, antes de que respondiese, supe qué me diría.

—Lo siento, pero no va a poder ser.

Iba a preguntarle por qué, pero sin darme cuenta habíamos llegado a su piso. Las puertas se abrieron justo en ese momento y la mujer aprovechó ese momento para huir.

¿Me había herido el orgullo su rechazo? Sí, pero yo no era un hombre que aceptara los “no” con facilidad. Iba a cortejarla hasta que aceptara salir conmigo. “Lo tienes claro, Elliana Jones”, pensé para mis adentros y continué mi trayecto.

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Nota de autora:

Ha sido un capítulo intenso 😏😏.

1.   Landon y Elliana hablando de los escritos de ella.

2. ¿Por qué Elli no se quiere lanzar a la aventura e intentar publicar uno de sus manuscritos?

3. Landon siendo el buen amigo que Elli necesita.

4. Derek y sus celos.

5. ¡Derek queriendo una cita con Elliana!

6. Encuentro en el ascensor 🔥🔥.

7. Elliana rechazando la cita.

8. Derek se ha quedado confundido y ardiendo de deseos de que ella acepte.

¿Qué os ha parecido el capítulo?

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