Derek:

No creía en el destino y mucho menos en que las personas hubiesen nacido para hacer algo en la vida. Tampoco creía en el amor a primera vista, porque era consciente que para enamorarse de una persona, para poder decirle “te quiero”, primero uno debía conocerla bien.

No obstante, aquella mañana de mediados de enero creí por primera vez en él. Estaba claro que algo, el universo tal vez, quería que viera a aquella mujer que en varias ocasiones me había quitado el sueño. ¿Cómo sino me explicaríais el hecho de que ella estuviese esperando el ascensor?

Me fijé en que iba acompañada. Un chico joven, quizá de mi edad, hablaba con ella alegremente, haciéndola reír de vez en cuando. No sabría decir por qué, pero en ese momento amé su sonrisa y cómo sus ojos se iluminaban cuando esta era sincera.

Al principio ninguno de los dos se dio cuenta de mi presencia hasta que aquellos ojos azules se clavaron en mí. ¿Cómo alguien podría tener unos ojos tan intensos? ¿Cómo una mirada podía atraerme tanto?

La mujer abrió la boca en una “O” enorme. Al parecer, se sorprendió.

—Elli, ¿me estás escuchando? —le dijo su acompañante intentando atraer su atención. Al ver que no lo conseguía, siguió la mirada de ella hasta encontrarme allí—. Buenos días, señor Foster.

Sonreí intentando ser amable.

—Buenos días, señor Brooks, señorita Jones.

Landon Brooks era uno de mis empleados más eficientes, de eso no cabía ninguna duda. Su departamento era muy importante para mi empresa.

Observé de nuevo a la mujer. ¿Se había sonrojado? ¿Había dado un paso atrás? ¿Por qué parecía aturdida? Se mordió con aire distraído el labio inferior mientras su mirada huía de la mía. Ese gesto tan simple me resultó de lo más sexy y sensual.

El ascensor llegó. Estaba vacío, muy normal a esas horas de la mañana. Les indiqué con un gesto que avanzaran delante de mí, lo que me permitió ver por un instante el trasero bien torneado de aquella mujer que poco a poco me enloquecía cada vez más.

Ellos pulsaron el botón de la planta decimoquinta y yo, el de la decimoctava. Al principio se instaló un silencio un tanto incómodo que pronto unas voces rompieron.

—Entonces, ¿qué dices, Elli? ¿Te vienes a un bar hoy por la noche?

Me fijé en cómo la mujer llamada Elli le lanzaba una mirada cariñosa a Landon, como si tuvieran algo entre ellos. Me pregunté si serían pareja… Solo de pensar a aquella hermosura con él, besándole y diciéndole palabras cursis me daban náuseas.

—No sé. Hoy no me apetece salir. —Ella negó con la cabeza a un lado y a otro. Por su expresión, parecía que la idea le parecía espantosa.

—¿Y cuándo te apetece? —Landon le sonrió con ternura, gesto que ella imitó.

Me estaba poniendo malo. Hacía años que no me fijaba en una mujer y, cuando lo hacía, ella ya estaba cogida. ¿Por qué era tan injusta la vida? Mi última relación había sido hacía un par de años y aquello solo duró meses. Digamos que ella no fue lo que en realidad pensé que sería. No me juzguéis, solo buscaba a alguien con quien pudiese hablar, reír, comer e incluso discutir. Quería encontrar a aquella persona que me complementase. Pero no estaba seguro de que Elli fuese la indicada. Por su apariencia pareciera una mujer mimada.

Una hermosa carcajada me distrajo. En ese momento me di cuenta de que ya habíamos llegado a su planta y de que ambos ya se estaban alejando, dejándome completamente solo en el ascensor.

. . .

Durante la mañana no pude quitarme de la cabeza aquellos ojos que me tenían hipnotizados. ¿Cómo alguien podía atraerme tanto sin siquiera conocerla? Porque eso era lo que me pasaba: me atraía y mucho. Creo que era esa aura de misterio que la envolvía. Ojalá supiese quién era y en dónde vivía. Ojalá…

Intenté concentrarme por vigésima vez en los papeles, pero al igual que las veces anteriores la imagen de sus ojos me distrajo.

No podía seguir actuando así, como un adolescente con las hormonas revolucionadas. Se suponía que ya era bien adulto y debía actuar como tal. Sí, físicamente me atraía, ¿pero qué pasaba con lo de dentro? ¿Sería tan bella por fuera como por dentro?

En mis años de experiencia me había encontrado con que la mayoría de las mujeres que eran atractivas por fuera tenían una personalidad detestable. Además, estaba el hecho de que me había criado en una familia cuyo valor económico era muy alto. Así que la mayoría de esas mujeres no estaban conmigo porque me querían, no; ellas estaban conmigo por mi dinero.

¡Yo no era un hombre que buscara solo una cara bonita! Quería algo más que eso. Quería a alguien con personalidad, con quien poder ser yo mismo y quien no me juzgase por serlo.

Pasé la mayor parte de aquella mañana sumido en mis pensamientos, sobre todo pensando en ella. ¿En qué departamento estaría? Si se había bajado en el piso quince, significaba que trabajaría en el departamento de traducción, pero ¿en qué idioma? Me pregunté si tendría novio y si, de tenerlo, sería Landon Brooks. Solo de pensarlo se me ponía la carne de gallina.

Toc-toc. Alguien llamó a la puerta.

—Adelante.

Alcé la mirada de mis hojas, aunque, siendo sincero, apenas las había leído por encima. Grayson entró en mi despacho.

—Derek, es hora de almorzar.

¡Era verdad! Había estado tan concentrado en mis pensamientos que no había sido consciente del paso del tiempo. De nuevo, maldita sea la mujer de los preciosos ojos azules.

—Tienes razón, Grayson —le dije y mientras recogía todo agregué—: Tengo muchas ganas de almorzar, tantas que me comería un elefante.

A pesar de no mirarle, pude notar que sonreía. Mi mano derecha me caía muy bien. Era de la clase de persona con la que me pasaría días enteros charlando de cualquier cosa. Mi relación con él no era sólo profesional, ¿cómo serlo cuando se comportaba como un amigo?

Me levanté de mi asiento y recorrí aquella estancia muy espaciosa que tanto me gustaba. Lo que más adoraba de aquel lugar eran las vistas que tenía desde la gran ventana que recorría toda una pared de arriba a abajo.

Llegamos a la primera planta unos minutos más tarde y, tras coger nuestra comida, nos sentamos en una de las mesas libres. Me gustaba tomar mi almuerzo junto a los demás trabajadores de la empresa. No me sentía superior a ellos y, por ende, no temía que me vieran comer.

Grayson y yo enseguida nos pusimos a conversar sobre temas tribales. En un momento dado solté una gran carcajada y cuando fui a posar de nuevo mi mirada en él, intercepté a aquella mujer. Vi que estaba sentada a varias mesas de distancia de la nuestra y que charlaba animadamente con sus acompañantes. Uno de ellos, para mi desgracia, era Landon Brooks. Vi que ella le dio un beso en la mejilla y que él, a modo de respuesta, le pellizco una de las mejillas.

No necesitaba ninguna prueba más para saber que aquella mujer estaba fuera de mi alcance. ¿Por qué la vida me daba algo que no podría probar?

—Derek… Derek… ¡Derek! —Grayson me estaba llamando y yo volví a centrar mi mirada en él.

—¿Eh?

—¿Por qué miras tanto aquella mesa? —preguntó él señalándola con un movimiento apenas imperceptible de cabeza.

—Por nada —mentí como un bellaco.

Alzó la ceja de manera inquisidora. Se volvió por un instante y analizó a los comensales. Ellos se estaban riendo de algo que debía de haber dicho uno de ellos. En un momento dado, Landon le tiró un beso a Elli y ella sólo hizo una mueca de desagrado.

Buff, me estaba poniendo enfermo solo de verlos juntos.

—Ahora lo entiendo todo. Dime, Derek, ¿desde cuándo estás tan interesado en Elliana Jones?

¿Elliana? ¿No era Elli? Aunque el primero me gustaba más que el segundo.

—Ahora me entero de que estoy interesado en ella —intenté engañarle. No quería admitir que aquella mujer sí que me resultaba de lo más interesante.

—¿Por qué no la invitas a salir? —insistió él.

—Porque tiene novio —dije a regañadientes de manera distraída.

Grayson sonrió como si se hubiese salido con la suya.

—¡Lo sabía! Sabía que quieres tener algo con Elliana.

—¡Eso no es cierto! —Bufé, cansado ya—. Un momento, ¿cómo sabes su nombre?

Él me miró y amplió su sonrisa al verme tan interesado en ella.

—Tuve que hacerle la entrevista de trabajo. Henry no pudo venir, no sé si recordarás que aquella mañana tuvo un accidente, así que yo fui quien la entrevistó. Debo decir que me impresionó. Conoce muchos idiomas y, además, es una gran lectora de autores tanto clásicos como modernos. Creo que has hecho buena elección.

—No tanto. Creo que es otra niña rica —confesé mi mayor miedo. En mi vida me había topado con varias y debo decir que mi experiencia no había sido muy agradable con ellas. ¿Sabéis lo que es conversar sobre vestidos y fiestas día sí y día también? Pues en eso se basaban mis conversaciones con ellas. Era agobiante no poder hablar de otros temas.

—Según me contó en la entrevista, proviene de una familia de clase media. Sus padres no son académicos, sino que ambos tienen un pequeño negocio de dulces en Phoenix.

Abrí los ojos como platos. Elliana no parecía una chica de clase media.

—Creo que la he juzgado mal.

—Exacto. Ahora, pídele una cita.

—No.

—¿Por qué?

—Tiene novio. ¿No ves cómo ambos se restriegan el uno con el otro? —Señalé el momento justo en el que Elliana le apretaba las mejillas.

—¡Por Dios, Derek! Eres más cabezota a veces —se quejó Grayson—. No son novios. Nunca los he visto besarse.

—Claro, porque van a hacerlo en la empresa, ¿no?

—Deja ya tus celos, amigo. Se te notan un poco.

—¡No estoy celoso! —exclamé ya furioso.

Él solo soltó una tremenda carcajada que creo que toda la empresa escuchó.

—Invítala a salir.

Bufé.

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Nota de autora:

Vaya, vaya, vaya. Parece que alguien está celoso… 

¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Os ha gustado esta conversación con Grayson y sus aparentes celos? ¿Qué creeis que pasará en el próximo capítulo?

Grayson en multimedia.

¡Nos vemos pronto! Besos.

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