“Tengo que adelgazar”. “Soy demasiado baja”. “Estoy demasiado gorda”. “Tengo granos”. Seguro que muchos de nosotros hemos pensado esto alguna vez, sobre todo en la maravillosa etapa adolescente en donde nuestras hormonas están demasiado revolucionas y solo le damos importancia al cómo nos verán y no al cómo nos sentimos con nosotros mismos.

Vivimos en una sociedad marcada por los estereotipos de belleza. Si las mujeres no somos altas, delgadas, de rostros bellos y largas piernas, no se nos considera guapas. Parece ser que para serlo es necesario adelgazar hasta el extremo y que no nos sobre ni un solo gramo de piel, y, por supuesto, debemos parecernos a la encarnación de este ideal de la sociedad: las modelos que vemos tanto en la televisión como en las revistas. Los hombres tampoco lo tienen tan fácil. Hoy en día parece ser que los hombres atractivos son aquellos que tienen un cuerpo musculoso, la cara cuadrada, piel bronceada, sin bellos en el pecho; aquellos que son guapos, macarras y perfectos.

Sin lugar a dudas, vivimos en un mundo superficial en donde el interior de cada persona, la verdadera belleza de cada uno, no se toma en cuenta. ¿A quién no le gustaría casarse con un multimillonario sexy, musculoso e indomable? ¿A quién no le gustaría contraer matrimonio con un deportista atractivo? ¡Despierta! Esto solo pasa en las películas y en los libros. Además, no todos los adinerados son así ni todos los deportistas.

Creo que estos estereotipos son los culpables de que muchos no nos sintamos a gusto con nosotros mismos. Esto es importante, ya que el tener la autoestima alta nos da seguridad y confianza, y muestra cierto poderío a los demás, un atractivo muy potenciador. Si no nos gustamos, ¿cómo nos van a querer los demás?

Por eso creo que deberíamos aceptar el hecho de que somos así por algo. Puede que tenga la cara llena de granos, pero eso no me impide, por ejemplo, ser bueno sacando fotografías o cantando. ¿Qué quiero decir con esto? Nadie es perfecto, ni siquiera los modelos que salen en los anuncios publicitarios. Todos tenemos defectos y debemos aceptarlos y aprender a vivir con ellos, porque por cada defecto que tengamos hay muchas cosas buenas en nosotros. Así que debemos pasar de pensar en “Tengo una ortodoncia en los dientes” a “¡Qué bien! Así mi sonrisa será más bonita”. ¿Entendéis lo que quiero decir? Debemos mirar el lado bueno de las cosas, no el malo.

Buscamos la perfección cuando en realidad no existe. Es imposible que una única persona pueda ser tan buena sin haber pasado por una cirugía o por otros métodos. No debemos regirnos por el canon de la belleza de hoy en día. Debemos ser conscientes de que cada persona es un mundo distinto y, por ende, tiene sus propios gustos. Puede que a esa persona le gusten esas pecas o esas cejas que tú tanto odias. ¡Quién sabe! Puede que esa persona se sienta atraído por cómo eres por dentro, tu forma de ser, y le dé igual que a lo mejor no tengas la medidas ideales.

Así que deja de lamentarte por las cosas que no puedes conseguir y saca provecho de las que tienes. Sal a la calle, cómete el mundo con esa sonrisa tan maravillosa que seguro que tienes y piensa en positivo. Si alguien alguna vez intenta lastimarte diciendo cosas malas sobre tu aspecto físico, hazle caso omiso, porque al final son aquellas personas las que verdaderamente no se quieren a sí misma y en vez de intentar cambiarlo, intentan lastimar a los demás para así sentirse mucho más superiores. Lo dicho, vive la vida sin preocuparte por cómo te verán los demás. Lo más importante es aceptarse y quererse a uno mismo.

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