En este post quiero hablaros de una cosa que me enerva: el menosprecio del ser humano hacia aquello que cree que no tiene mucho valor. En especial, os voy a hablar de la carrera de Educación Primaria o Magisterio.

Actualmente soy estudiante de Educación Primaria (acabo de terminar primero de carrera). En general, estoy muy contenta con mis compañeros y profesores, y las asignaturas son muy interesantes. Si en realidad estáis interesados en ser profesores de primaria, os lo recomiendo. A pesar de haber cursado solo un año de cuatro, creo que es una carrera muy bonita y enriquecedora en la que he aprendido, hasta ahora, muchas cosas sobre el ser humano que antes no sabía o de las no era consciente.

Hoy en día, por desgracia, esta carrera no es muy famosa y querida en España. Muchas personas creen que es muy fácil sacarse el título de Magisterio, que solo hay que hacer trabajos y que apenas hay que estudiar. Una compañera de carrera nos dijo que hay muchas personas que creen que es una carrera en la que solo hay que “pintar y colorear”. ¡Increíble!

El hecho de que muchos profesores de primaria sean vagos o no tengan vocación es lo que provoca que pensamientos como “Estoy en la carrera por el elevado sueldo” o “Me voy a pegar unas vacaciones de lo lindo cuando trabaje como maestro”. Además, cabe destacar que hoy en día la carrera para ser tanto profesores de primaria como de infantil tiene una nota de corte baja (entre el siete y el ocho de catorce), así que no es muy difícil acceder a estos estudios, “cualquiera” puede ser profesor o eso es lo que parece.

Pero no, estamos absoluta y completamente equivocados si creemos que la carrera de Magisterio es demasiado fácil y que apenas tendremos que trabajar. Un profesor, lo creáis o no, es muy importante para la sociedad, sobre todo aquellos que trabajan con niños de infantil y primaria, pues está demostrado que a esta edad es cuando los niños tienen más deseos de aprender, y ese es el trabajo de un buen maestro: suscitar y satisfacer estos deseos.

Yo creo que deberíamos exigirles a nuestros jóvenes un poco más, deberíamos elevar la nota de corte y situarla junto a la de medicina. Ahora muchos os estaréis preguntando si me he vuelto loca. Claro, ¿cómo se me ocurre pensar en semejante desfachatez? Si la carrera de medicina es tan exigente porque solo los mejores deben entrar, los más preparados, los que realmente desean estar ahí… ¡También debería suceder lo mismo con Magisterio! En mi opinión, solo deberían acceder a estos estudios los mejores, los que mejor preparados están, los que verdaderamente lo desean; no una panda de patanes y vagos que no tienen otra cosa mejor que hacer y que para no perder su preciado tiempo deciden hacer estos estudios a desgana porque es fácil conseguir el título.

A parte de exigirles más en lo que se refiere a los estudios, ¿qué más deberían tener los maestros y maestras de infantil y primaria? Yo lo tengo claro. En primer lugar, vocación. Para que un profesor sea bueno en su campo, al igual que un médico o escultor, debe gustarle lo que hace; es decir, su trabajo. Aquella persona que deteste o que simplemente no se sienta a gusto con él, nunca podrá ser bueno en ello, pues siempre habrá algo que le impida serlo.

Otro aspecto fundamental es que le debe gustar trabajar con los niños. Con esto no quiero decir que una persona diga que va a estudiar la carrera solo porque le ha ayudado a su hermano/primo/sobrino una vez cuando estaba en la escuela primaria. Lo que quiero decir es que la palabra “gustar” implica que sea tolerante con ellos, que los comprenda, que los ayude y guíe, que los reprenda cuando la situación sea necesaria…

Y aquí tenemos otra característica que debe tener el profesor o profesora: paciencia. Para ellos es necesario que comprenda que está trabajando con niños, los más débiles e inocentes seres humanos, y, por ende, debe ser consciente de que va a tener que repetir las cosas una y mil veces porque así son los niños. Además, está el hecho de que los pequeños le van a hacer muchas preguntas porque en esa edad es cuanto más curiosidad hay por saber, sobre todo preguntas que empiezan “¿Por qué…?”.

Así que, en definitiva, estás son las características que debería cumplir aquella persona que quiera estudiar la carrera de Educación Primaria: un nivel alto en los estudios, vocación, amor hacia los niños y su trabajo, y paciencia.

Desgraciadamente para España, en la actualidad en nuestro país no se ve a los maestros y maestras con buenos ojos. Yo admito que me he topado con varios maestros de esta maravillosa etapa que eran unos vagos, que no tenían vocación o que solo trabajaban para cobrar un buen sueldo; pero eso no quiere decir que todos sean así. A muchos de mis maestros les pasaba lo contrario: les encantaba su trabajo, se quedaban hasta tarde si eso significaba que un niño aprendía algo… En estos momentos tengo a una profesora en mente que no nombraré. Ella fue la primera que creyó en mí, en que podía llegar a la universidad y obtener un título. En mi vida solo me he topado con dos profesoras que me han incitado a seguir en adelante con algo: ella y una profesora de la ESO y Bachillerato que me dio Ética y Filosofía llamada María Sánchez. Gracias a esta profesora hoy en día sigo escribiendo porque es algo que me gusta y me relaja, así que siento que le debo mucho.

Estas dos personas son un claro ejemplo de profesores competentes y apasionados por su trabajo. María leyó la primera novela que escribí y que publiqué posteriormente en Wattpad, una red social en la que se puede tanto leer como escribir libros y de la que ya he hablado anteriormente. Todavía recuerdo una de sus críticas con cariño: “Es muy pastelosa”, me dijo, “No conocía ese lado oscuro de ti”. Con ella hice varias reflexiones y artículos que espero poder publicar en el blog, y en la mayoría obtuve muy buenas críticas por su parte.

Un buen profesor debería motivarnos a hacer aquello que más nos gusta hacer, ayudarnos en todo momento, en las buenas como en las malas, enseñarnos cosas más allá de lo que deberíamos aprender en la escuela como la empatía, el trabajo en equipo, la colaboración… Debería ser como un faro para un barco que navega a la deriva y cuya luz ilumina el camino que debe recorrer para llegar a su destino.

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